La primera vez que visitamos Calgary tuvimos una sensación extraña, un sentimiento de soledad y aislamiento muy fuerte nos invadió a los dos adultos de la familia, pero, mis dos hijos que en ese entonces tenían 6 y 4 años aproximadamente sintieron algo completamente diferente. Mientras paseábamos por el Nose Hill Park, mi esposo se preocupaba por que no había nadie mas paseando en ese enorme parque, caía una especie de lluvia helada combinada con un viento fuerte que nos hacia pensar que estábamos muy locos por pasear en ese lugar en ese momento, y fue ahí donde mis hijos dijeron: "Este es mi hogar", "Aquí quiero vivir hasta ser viejito". Yo solo me reí y mi esposo no podía dejar de ver a sus hijos con una admiración que se desbordaba de su cara.
En la noche platicábamos sobre lo sucedido en el día mientras revisábamos las noticias sobre la fiebre porcina en México para poder regresar, y los dos coincidíamos en que tal vez no habíamos percibido la ciudad en toda su dimensión y solo vimos lo que nuestro estado de animo quiso ver, en cambio nuestros hijos se maravillaron de caminar en las condiciones mas adversas, disfrutaron de la poca nieve que había, se reían del viento helado que los movía a voluntad, y todavía recuerdan la ciudad con un gran cariño.
Ahora que revisaba el blog de Guillermo y veía las cifras de desempleo en Canadá y algunas condiciones particulares que se nos han venido presentando, recordé que mis hijos adoraron esa provincia que yo no entendí, que siempre quieren regresar a caminar en esas mismas condiciones al mismo lugar, tal vez haya que considerar Calgary si todo sigue así.
Tal vez el momento no era el indicado, tal vez una parte de nosotros quiere regresar a Alberta.
Por cierto, los niños no se enfermaron para nada.




